el englisman le propone al Colombian hacer una caminata. Aprovechar el paisaje. Olvidar esa vida sedentaria. (el Colombian proyectaba aquello que proyectan los gatos castrados, digamos una especie de atrofia mental y corporal)
ambos se habían puesto de acuerdo para comprar un par de zapatos aptos para caminatas en montaña…el englisman unos merrell y el Colombian unas hitec.
Arracaron pues a hechar pata, palla arriba en aquel alto donde nace la quebrada.
Pukara, un mágico fuerte indigena legado de los incas… caminaron caminaron caminaron, subieron, bajaron montañas, montañitas y montañotas, se cargaron de energía mascando coca’e Bolivia.
Llegaron hasta la garganta el Diablo “the deep throat”…perdón “The devil throat”, luego de caminar durante casi medio día. Se detuvieron, observaron, y se dieron un baño con el agua’e la montaña.
Recibieron la energía solar así como lo hacían nuestros antepasados. Ahi reflexionaron… el Colombian volvió a sentir su cuerpo, sus piernas, se sentía primario, desde cero.
Luego venía la evaluación de sus zapatos. Los merrell del englisman estaban como los zapatos del agente 007, limpios y sin rayones, en cambio los hitec del Colombian estaban de color café tierrita y con un huequito que dejaba asomar al meñique derecho.
Que vaina hombre! Dijo el Colombian.
ambos se habían puesto de acuerdo para comprar un par de zapatos aptos para caminatas en montaña…el englisman unos merrell y el Colombian unas hitec.
Arracaron pues a hechar pata, palla arriba en aquel alto donde nace la quebrada.
Pukara, un mágico fuerte indigena legado de los incas… caminaron caminaron caminaron, subieron, bajaron montañas, montañitas y montañotas, se cargaron de energía mascando coca’e Bolivia.
Llegaron hasta la garganta el Diablo “the deep throat”…perdón “The devil throat”, luego de caminar durante casi medio día. Se detuvieron, observaron, y se dieron un baño con el agua’e la montaña.
Recibieron la energía solar así como lo hacían nuestros antepasados. Ahi reflexionaron… el Colombian volvió a sentir su cuerpo, sus piernas, se sentía primario, desde cero.
Luego venía la evaluación de sus zapatos. Los merrell del englisman estaban como los zapatos del agente 007, limpios y sin rayones, en cambio los hitec del Colombian estaban de color café tierrita y con un huequito que dejaba asomar al meñique derecho.
Que vaina hombre! Dijo el Colombian.
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